Nuestros autores  

Nikos Kazantzakis
(Heraclión, 1883 - Friburgo, 1957)

En nuestras colecciones:

ALMAS ROTAS (2016).

BIO

Nikos Kazantzakis nace en Heraclión, Creta, en 1883. En 1907, se traslada a París, donde se sumerge en el estudio de Nietzsche, recibe las enseñanzas de Henri Bergson y concluye su doctorado en Derecho. Novelista, poeta, dramaturgo, escritor de viajes y traductor, entre sus obras más conocidas se cuentan Zorba el griego, La última tentación de CristoOdisea, una secuela moderna o Lirio y serpiente. Nominado en múltiples ocasiones al Nobel, comparte su actividad filosófico-literaria con el activismo político. Muere en octubre de 1957 en Friburgo de Brisgovia, Alemania.

 

«Puede situarse junto a los gigantes del siglo XIX, con Tolstói, Dostoievski y Nietzsche, con todos los cuales comparte afinidades» (Colin Wilson).

 

«Con su muerte, desaparece uno de nuestros últimos grandes artistas. Soy de los que sienten y seguirán sintiendo el vacío que ha dejado» (Albert Camus).

 

«Entre Kazantzakis y su obra existe una total identificación. Ya fuera que lo tratases personalmente o lo leyeses, sacabas siempre la misma impresión. Lo que sorprende en su obra también sorprende en su vida. Y lo que es más destacable, su vida, su obra vital es equivalente en originalidad, gusto y severidad a su obra literaria» (Eli Alexíu).

Heriberto Frías
(Querétaro, 1879 - México DF, 1925)

BIO

Heriberto Frías (Querétaro, 1870 – México DF, 1925), periodista y escritor, testigo y partícipe de la vida política y social del México revolucionario, nació en el seno de una familia de clase media queretana, numerosísima de profesionales y hombres de letras (su tío Hilarión gozaba de gran fama como periodista, crítico e historiador). Pronto el núcleo familiar se trasladó a la capital federal, en busca de una vida mejor y al objeto de proveer el tratamiento médico del patriarca, militar retirado al que aquejaban graves problemas de salud, y que finalmente murió en 1884, cuando Heriberto apenas se había iniciado en la Escuela Preparatoria. Empobrecida la familia, Frías se vio obligado a interrumpir su formación reglada y trabajar como repartidor de periódicos. Entregado por las noches al estudio y la lectura, fue entonces que desarrolló la afección ocular que arrastraría en vida, al punto de llegar a morir casi ciego, y que conoció los sinsabores de una existencia de miseria (llegando a pasar ocho meses en el presidio de Belem acusado de robar cinco pesos a su patrón). A fin de solventar los problemas económicos familiares y satisfacer sus ambiciones académicas, ingresó en 1887 en el Colegio Militar de Chapultepec. Sin embargo, las dificultades financieras se agravaron, y antes de concluir sus estudios, resolvió alistarse como oficial en el 9º de Infantería. Enviado a Tomochic en 1892, su Batallón participó de la aniquilación de este remoto poblado rebelde, cruel episodio que marcaría por entero su vida. Finalizada la campaña, sufrió una profunda crisis emocional y se entregó a la bebida (problema que episódicamente reaparecería; y al que con el tiempo sumaría el consumo de opio y marihuana). Trató no obstante de enfrentar sus frustraciones personales y sociales mediante la redacción de las crónicas noveladas de Tomochic, que en 1893 serían publicadas por entregas en el periódico de oposición El Demócrata. Encarcelado y juzgado por un tribunal militar, escapó casi por milagro del fusilamiento, si bien no pudo evitar el licenciamiento. Tras un breve paso por la revista Gil Blas, a principios de 1895 entró a formar parte de la redacción del renacido diario El Demócrata. Fue entonces que comenzó a vivir –a su decir autobiográfico– su tragicomedia de bohemio periodista rebelde, pasando de las redacciones a las cárceles, de las cárceles a las tabernas (y a los burdeles, podríamos añadir) y de las tabernas a los hospitales. Durante aquellos días conoció las tribunas de la Revista Moderna, El Mundo Ilustrado, El Combate y El Imparcial. En 1906, por invitación del periodista y político José Ferrel, antiguo director de El Demócrata, se trasladó a Mazatlán, en la costa del Pacífico, donde se hizo cargo del acreditado periódico El Correo de la Tarde, empleando aquella palestra para dar rienda suelta a la polémica y adquiriendo gran fama como orador y periodista de oposición. No debe extrañar pues que su labor literaria recoja por igual la objetividad y el oportunismo periodísticos, amén de un marcado reflejo de la injusticia social. Por lo demás, fueron años fructíferos, que más tarde recordaría con cariño, en los que pudo encontrar un marco adecuado para el desarrollo de su faceta más literaria. Con todo, la disidencia política y la convulsión que a la sazón vivía el país le obligaron a escapar de la ciudad costera y retornar al Distrito Federal, donde se adscribió al proyecto antireeleccionista y armado de Francisco I. Madero. Tras el triunfo de Madero y la renuncia del general Díaz, Frías fue nombrado Subsecretario de Relaciones Exteriores. Pero los acontecimientos de la Decena Trágica le obligaron nuevamente a huir. Se instaló en Hermosillo, donde dirigió el periódico constitucionalista La Voz de Sonora (contrario al usurpador Huerta). Ya en 1914, lo encontramos dirigiendo La Convención, supremo órgano de la asamblea revolucionaria congregada en la ciudad de Aguascalientes, a la que acompañó en su traslado a San Luis de Potosí y más tarde a la capital federal. Sin embargo, los complejos avatares de la revolución mexicana le pasarían factura. La victoria electoral de Carranza (1917) trajo para Frías el encarcelamiento por delito de rebelión y la condena a muerte. Salvó la vida in extremis y abandonó momentáneamente la vida política. Solo tras la caída de Carranza y el acceso al poder de Álvaro Obregón, que conciliaría a los diversos caudillos revolucionarios, Frías volvería a la tribuna política. En 1920 fue nombrado cónsul de México en Cádiz, retornado al país tres años después; agravados sus problemas visuales, padecía ya una ceguera casi total. Murió finalmente en 1925. Su obra literaria es vastísima y contiene entre otros destacados títulos: ¿Águila o sol?; El amor de las sirenas; El triunfo de Sancho Panza; Los piratas del boulevard. Desfile de zánganos y víboras sociales y políticas en México; Miserias de México; Álbum histórico popular de la Ciudad de México.

Louis Raemaekers
(Roermond, 1869 – La Haya, 1956)

BIO [Extracto de la introducción de Rubén L. Conde a la presente obra].

Una cita puede ser suficiente para dar una dimensión aproximada de la figura que aquí nos atañe: «Fue el único particular que ejerció una gran y efectiva influencia en el transcurso de la guerra de 1914-1918. Obviamente, hubo una docena de hombres, entre emperadores, reyes, jefes de Estado y comandantes en jefe, que formalizaron sus políticas y guiaron sus acontecimientos. Pero al margen de este círculo de grandes, Louis Raemaekers se distinguió felizmente por ser la única persona que, sin la asistencia de un título o cargo, influyó indudablemente en el destino de los pueblos». Así decía el obituario del London Times a la muerte, en julio de 1956, del otrora afamado viñetista y caricaturista holandés Louis Raemaekers (Roermond, 1869 – La Haya, 1956); y a fe cierta que no era una apreciación caprichosa o lisonjera, pese a que su nombre y su obra eran ya tan lejanos como los lúgubres acontecimientos que le habían dado fama. Antes al contrario, Raemaekers no solo registró con trazo firme e indeleble la historia de la Gran Guerra («el único hombre que ha sido capaz de inmortalizarla», a juicio temprano del Kansas City Star), sino que fue a su vez parte activa y determinante en la contienda, aunque no como héroe de las trincheras y sí como adalid —lápiz en ristre— de los más altos valores del hombre. Y así lo viene a confirmar la autorizada pluma del entonces ex presidente norteamericano Theodore Roosevelt: «sus viñetas son la más poderosa contribución de un neutral a la causa de la civilización durante la Guerra Mundial». Y es que los elocuentes dibujos de Raemaekers, cargados de sátira y desdén, rebosantes de acusadora crueldad o despiadada denuncia, palpitantes de rabiosa aflicción o emotiva ternura, y siempre indefectiblemente impactantes, calaron tan hondo en los ánimos de cuantos los conocieron y contemplaron —y se cuentan por millones—, se fijaron con tal fuerza y viveza en el imaginario colectivo, que a nadie dejaron indiferente...

 

Puede leer el artículo completo en: REVISTA FRONTERA D.

Edmond About
(Dieuze, 1828 - París, 1885)

En nuestras colecciones:

LA NARIZ DE UN NOTARIO (2014).

BIO

Edmond François Valentin About nació en Dieuze, en el departamento de Mosela, en la región de Lorena, el 14 de febrero de 1828. Tras pasar sin gloria por el seminario local (del que sería expulsado), cursó brillantes estudios en París, primero en el Liceo Carlomagno y más tarde en la Escuela Normal Superior, establecimiento este que compartió con otras destacadas figuras de las artes y las letras del siglo. Una beca le llevó a Grecia como pensionado de la Escuela de Atenas; corría el año 1851. No encontró interés, sin embargo, en el estudio de la arqueología (al que estaba orientado el centro), y tras un tiempo, marchó a Roma. A su regreso a París, ya en 1853, abandonó decididamente la carrera de la enseñanza –a la que estaba abocado– y se decantó por las letras. Como periodista colaboró –ya fuera con artículos de opinión, crónicas de sociedad, críticas de arte, seriales novelísticos, o incluso como corresponsal de guerra– en diversas publicaciones de prestigio: Le Figaro, Le Moniteur, Le Soir, Le Constitutionnel, Le Gaulois, L’Opinion nationale o Le XIXe siècle (rotativo radical del que sería fundador y editor). Lo intentó asimismo con el teatro, si bien tras algunos tropiezos refrenó esta ambición. Mordaz, burlón, descreído, polémico e iconoclasta –no en vano sería conocido con el sobrenombre de Petit Voltaire–, escribió ensayo y crítica artística, obteniendo igual número de logros que de querellas. Entre su producción destaca: La Grecia contemporánea (1854), fruto de la experiencia acumulada durante su soggiorno ateniense; La cuestión romana (1859), despiadada invectiva contra el poder temporal de la Iglesia; Alsacia (1872), en la que se refirió a la cuestión de la unificación alemana (escrita tras ser encarcelado durante un viaje por la región acusado de ultraje al Emperador); o sus muy diversas relaciones de los Salones y Exposiciones del bullente París de las Artes. En cualquier caso, fue en el campo de la narrativa donde cosechó sus mayores éxitos. De entre su prolífica obra conviene referir: Tolla (1855), considerada la mejor de sus novelas, y que ejerció una notable influencia sobre el escritor Henry James; El rey de las montañas (1857), burlesco acercamiento al mito romántico del pallikare, el héroe guerrillero griego; El hombre de la oreja rota (1872), sorprendente pieza de protociencia-ficción en la que fantaseó con la criopreservación humana; La nariz de un notario (1872), objeto de la presente edición; o Historia de un hombre honesto (1880), cautivadora estampa de la virtud burguesa durante los días revolucionarios. El éxito de estas obras y un estilo limpio, conciso e incisivo le valieron toda suerte de distinciones: caballero de la Legión de Honor, presidente de la Société des Gens de Lettres (1877-1880 y 1881-1884) y miembro electo de la Academia Francesa (1884). Murió el 17 de enero de 1885, cuando solo contaba 57 años. Sus restos reposan en el cementerio de Père-Lachaise.

Allan Pinkerton
Glasgow, Escocia, 1819 – Chicago, 1884)

En nuestras colecciones:

LOS FORAJIDOS DEL MISISIPÍ (2013).

BIO

Antes que el FBI, existía la Agencia Pinkerton; y antes de que existiera Sherlock Holmes, Pinkerton y sus detectives enfrentaban peligrosos criminales y resolvían casos con la misma efectividad y clarividencia que el fabuloso investigador. Allan Pinkerton, el más famoso detective privado de su tiempo, nació en Glasgow, Escocia, en 1819. Siendo aún un muchacho, su padre, un sargento de la policía local, fue herido de gravedad durante una revuelta obrera, perdiendo la movilidad de las piernas y muriendo a los pocos años. En tales circunstancias, Allan debió abandonar la escuela y ayudar al sostenimiento de las cargas familiares. Aprendió el oficio de tonelero, y más tarde, ejerció como artesano independiente. En torno a 1840, se adscribió al cartismo (movimiento de reforma social y agitación de la clase obrera), tomando parte activa en sus violentas protestas. En 1842, sabiéndose perseguido por las autoridades y temiendo su arresto inminente, Pinkerton marchó a Norteamérica. Vivió primero en Montreal y, más tarde, en Chicago, para finalmente establecerse en la pequeña localidad de Dundee, Illinois, donde en 1843 abrió una tonelería. Orgulloso abolicionista, Allan puso sus propiedades al servicio del Underground Railroad, la red secreta de refugios e instalaciones empleada por los esclavos negros para escapar a los Estados libres o Canadá (llegando incluso a dar cobijo a John Brown, el mártir de la causa abolicionista, y once esclavos fugitivos a finales de 1858). En 1847, tuvo lugar un episodio que cambiaría para siempre su vida: buscando madera para la elaboración de toneles en una isla despoblada del río Fox, tropezó con una banda de falsificadores. Escapó sin ser advertido y, tras dar cuenta al sheriff del descubrimiento, colaboró en la detención de la peligrosa banda. Fue así que lo nombraron ayudante del sheriff del condado de Kane, para convertirse, ya en 1850, en el primer detective urbano de la policía de Chicago, trabajando además como agente especial del Servicio Postal estadounidense y colaborando en no pocas ocasiones con el Departamento de Tesoro. Persuadido, no obstante, de las limitaciones que imponía a su causa justiciera un cargo público y de circunscripción local, en 1852, Allan fundó, junto con el abogado Edward A. Rucker, su propia agencia de detectives, la North-West Detective Agency, la primera de su clase en Chicago y una de las primeras a nivel mundial; un año después, sin embargo, se disolvía esta alianza, si bien Pinkerton lograba mantener a flote el negocio e incluso hacerlo prosperar, cerrando a la sazón importantes contratos de vigilancia y protección con algunas de las principales compañías ferroviarias del país (entre otras, la Illinois Central Railroad, que entonces tenía por asistente legal a Abraham Lincoln). Era la época de la gran expansión del ferrocarril, que transportaba a lo largo de un territorio tan vasto como despoblado, fabulosas sumas de dinero, convertidas, por razón de su vulnerabilidad, en objetivo predilecto de los malhechores (recuérdese además que hasta comienzos del siglo XX y la creación del FBI, no existía una fuerza policial que pudiese actuar más allá de las particulares fronteras de cada Estado; pocos eran pues los agentes públicos dispuestos a emprender una investigación que pudiese trascender su jurisdicción, lo que dejaba sin resolución la mayor parte de estos delitos; una laguna que bien supo leer y aprovechar Allan Pinkerton). La feliz resolución de algunos señalados casos de robo le granjeó una anchurosa reputación, y fruto de este rutilante prestigio, nuevos e importantes contratos. En 1861, en el curso de una investigación para la Philadelphia, Wilmington & Baltimore Railroad, descubrió un complot urdido por conjurados sudistas para acabar con la vida del presidente electo Lincoln durante su traslado a la capital para la toma de posesión del cargo. Pinkerton quedó entonces al cargo del desplazamiento presidencial, adelantando varios días el viaje y escoltando triunfalmente a Lincoln desde Harrisburg a Washington D.C. Meses más tarde, y ya en plena Guerra de Secesión, recibió la llamada del presidente para organizar y dirigir el primer Servicio Secreto de los Estados Unidos. A partir de entonces, y durante dos años, Allan Pinkerton, convertido en el mayor E. J. Allen, llevó a cabo labores de espionaje y contraespionaje para el ejército de la Unión. Con todo, en 1863, Allan retornó a Chicago, retomando la práctica privada al frente de la ahora rebautizada Agencia Nacional de Detectives Pinkerton. Durante más de veinte años dirigió con éxito las operaciones de la Agencia (que tenía por divisa un inquietante ojo abierto con el lema we never sleep: nunca dormimos), expandiendo sus oficinas por todo el país y persiguiendo y dando caza a algunas de las más conocidas bandas de forajidos del Oeste americano (entre otros, los James-Younger, los Reno, los Dalton, los Farrington o la banda de Cassady y Sundance Kid… y la nómina no acaba aquí; no es de extrañar pues la reiterada presencia, cuando no el protagonismo, de Pinkerton y sus hombres en un sinfín de películas y dime novels que tienen por escenario el Far West). Tuvo por principales clientes a bancos y compañías del ferrocarril, aunque también procuró protección a empresarios y grandes corporaciones (llegando a actuar contra los intereses de los trabajadores, lo que vino en progresivo detrimento de su imagen). Fue el caso de la desarticulación en 1876-1878 de la organización secreta de mineros pensilvanos Molly Maguires (episodio que sirvió de inspiración a las aventuras de Sherlock Holmes en El valle del miedo), o el del concurso de la Agencia en los terribles sucesos de la gran huelga del ferrocarril de 1877 (con todo, Allan creía sinceramente que la huelga venía en menoscabo de los sindicatos antes que en favor de la causa de los trabajadores; vid. Pinkerton, A., Strikers, Communists, Tramps and Detectives, Nueva York, 1878, prefacio). Al margen de su desempeño profesional, Pinkerton publicó, con gran éxito de ventas, cerca de una veintena de títulos relatando sus propias experiencias detectivescas (o las de sus empleados), obras que avanzaron en el prestigio y la fama de su empresa y que contribuyeron, en alguna medida, a limpiar su nombre e imagen (amén de dar a conocer sus métodos, tan dispares de los transmitidos por las novelas de detectives de la época). De un estilo sencillo y ameno, revisten un carácter fundamentalmente autobiográfico, no exento de fabulación, en los que la crítica ha querido ver la participación de negros (en cualquier caso, transmiten, sin asomo de duda, sus propias vivencias y pareceres). Allan Pinkerton murió en 1884, víctima de las complicaciones causadas por un vulgar accidente (mordió su propia lengua tras un resbalón, lo que le produjo gangrena). A su muerte, la Agencia actuaba, si acaso oficiosamente, como primera fuerza del orden del país. La dirección quedó en manos de sus hijos.

José Nieto Jiménez
(Jaén, 1939-2005)

En nuestras colecciones:

POEMAS PARALELOS (2016).

BIO

«Nací en Jaén en 1939; no sé cuando moriré, y por eso no lo consigno: si la edad se contara al revés, ahora podría saber cuántos años me quedan de vida. (Pero ignoraría la fecha de mi nacimiento: de cualquier modo que se mire, la vida es un lío).

»He conocido cuatro papas y un intento; he emborronado muchas cuartillas, y entre ellas es posible que se encuentre perdido algún poema. Aquí tenéis algunas de los diez o doce últimos años; con suerte, puede que encontréis alguno.

»Como pudoroso intento de “striptease”, no está mal lo anterior. Lo que sigue es menos pudoroso».

Rodolphe Töpffer
(Ginebra, 1799-1846)

BIO [Extracto de la introducción de Rubén L. Conde a la presente obra].

Hijo del pintor y caricaturista Wolfgang-Adam Töpffer, Rodolphe nació en la próspera y cosmopolita Ginebra a comienzos del año 1799. Disfrutó de una infancia sana y feliz, siguiendo la afectuosa guía de su padre, que le inclinó hacia el estudio de las artes. Durante su adolescencia, llegó a conocer y apasionarse por la obra de William Hogarth, que le causó una honda impresión («las expresiones de crimen y virtud que este moralista pintor grababa enérgicamente en los rostros de sus personajes suscitaron en mí esa atracción mezcla de turbación que un niño prefiere a cualquier otra cosa») y le inició, a su propio decir, en el placer de la observación de los hombres, todo lo cual resultaría determinante en su carrera como historietista. En 1816, terminó sus estudios secundarios en el Collége de Ginebra; fue entonces que se manifestó la enfermedad ocular que a la postre le impediría seguir los pasos de su padre (y que heredaría de su madre, aquejada igualmente de problemas en la visión y que murió ciega). En 1819, viajó a París en compañía de algunos de sus amigos; durante su estancia, que se prolongó por espacio de varios meses y en la que consultó a algunos reputados especialistas en oftalmología, asistió a diferentes cursos y frecuentó los ambientes artísticos de la capital francesa. Con todo, sus problemas oculares se recrudecieron; y a su retorno a Ginebra, ya en 1820, decidió, con gran pesar, renunciar a su carrera como pintor, iniciándose en el estudio de las letras. Liberado del servicio militar a causa de su enfermedad, en 1822, ingresó como profesor asistente en una institución privada, impartiendo clases de Latín, Griego y Literatura Antigua, y efectuando, a la sazón, sus primeras travesías alpinas al frente de sus escolares (de gran importancia posterior). Hacia finales de 1823 contrajo matrimonio con Anne-Françoise Moulinié; fruto de esta unión nacerían seis hijos (dos de los cuales, gemelos, apenas vivirían un mes). La cuantiosa dote de su mujer le permitió fundar, un año más tarde, un distinguido pensionado para jóvenes, en su mayor parte extranjeros (procedentes de familias acomodadas, que deseaban para su hijos una educación cualificada), que dirigió hasta poco antes de su muerte, acaecida en 1846. Entretanto, publicó su primer ensayo, Harangues politiques de Démosthène, sentando plaza de clasicismo e inaugurando su muy fecunda carrera como escritor (cultivando casi todos los géneros y subgéneros literarios: ensayo, teatro, novela, relato, relación de viaje, epístola, crítica artística, opinión periodística y, cómo no, cómic). A partir de 1825, habituó realizar, durante los períodos vacacionales, largas excursiones con sus pupilos a través de los Alpes suizos, franceses e italianos; viajes que le procuraron abundante material para su exitosa serie de relaciones ilustradas Voyages o Voyages en zigzag, y que desde entonces, y hasta 1842, produjo a un ritmo de casi dos obras por año. En 1827, dibujó la primera de sus histoires en images: Les amours de Monsieur Vieux Bois. Esta historieta, y la mayor parte de las que le siguieron (creadas entre 1827 y 1831), surgieron para divertimento de sus alumnos y allegados, que las recibieron con delectación y contribuyeron a su estímulo, si bien, por causas que nos parecen justificadas, Töpffer evadió su inmediata publicación, que solo formalizó pasados unos años (diez, en el caso de Vieux Bois). Entretanto, circularon algunas copias de su mano, como las que hacia finales de 1831, Fredéric Soret, amigo de Rodolphe y preceptor de los hijos del Gran Duque de Sajonia-Weimar-Eisenach, hizo llegar a un ya anciano Goethe. Sería la cálida y favorable acogida dispensada por el genio alemán, publicada post mortem en el diario Kunst und Alterthum, lo que sin duda llevaría a Töpffer a replantear su postura; con todo, el suizo prefirió mantener una cierta distancia respecto de la paternidad de sus álbumes, limitándose en vida a firmarlos con sus iniciales o empleando el pseudónimo Simon de Nantua. Sea como fuere, a su efectiva publicación también coadyuvó una innovación técnica: la autografía, un novedoso procedimiento litográfico (que Töpffer encomió con su habitual sarcasmo –uno de esos descubrimientos que han cambiado la faz del universo y el devenir de la humanidad–, y sobre el que incluso llegó a teorizar), que le permitía volcar directamente sus dibujos del papel a la piedra, todo a bajo coste, sin participación de terceros (caso del artesano al que se confiaba el proceso y que reinterpretaba las imágenes del autor), sin inversión especular (como ocurría con la litografía) y sin menoscabo alguno de la vibrante riqueza de su trazo (pudiendo conservar los textos manuscritos y evitando de este modo el recurso a los tipos de imprenta). Fue así que en 1833 vio la luz la primera de esas histoires: Monsieur Jabot, obra autoeditada (con una tirada inicial de 800 ejemplares; y para la que escogió un formato oblongo; el mismo que explotaría, casi tres cuartos de siglo después, la tira cómica) y a la que el proceso autógrafo aportó unidad visual y psicológica en su naturaleza mixta...

 

Puede leer el artículo completo en: Artículo PDF (Introducción a TÖPFFER)

Michael Muhammad Knight
(New York, 1977)

En nuestras colecciones:

THE TAQWACORES (2014).

BIO

Nacido en Nueva York, en 1977, Michael Muhammad Knight creció en el seno de una familia católica de origen irlandés. A los 16 años, tras leer la biografía de Malcom X –a quien había descubierto a través de las canciones de Public Enemy- decidió convertirse al Islam. Un año más tarde, viajó a Islamabad (Pakistán) para estudiar en la mezquita de Faisal. En esta ciudad no solo conoció su nueva religión, sino también la realidad del islamismo militante: contactó con refugiados afganos y somalíes y a punto estuvo de unirse a la guerrilla chechena. Cambió, no obstante, de opinión y al tiempo regresó a los Estados Unidos. Pronto comenzó a cuestionar la ortodoxia musulmana, sus restricciones y rígidas doctrinas, y fue así que nació The Taqwacores, novela fundacional e incendiario manifiesto del movimiento punk islámico; y la que entonces fue la fantasía de un preclaro novelista en ciernes, hoy es el provocativo escenario vital de muchos jóvenes musulmanes; apreciada guía espiritual y reverenciado objeto de culto –si acaso cabe en la iconoclasia punk o musulmana- para sus nuevas y más rebeldes generaciones (especialmente –aunque no solo-, para las nacidas en Occidente, sumidas en las irresolubles contradicciones de su doble ascendente cultural). No es de extrañar pues que The Taqwacores haya sido considerada El guardián entre el centeno de la juventud islámica (The New York Times); y que su autor haya sido indistintamente comparado (por esta o posteriores obras) con Jerome D. Salinger, Hunter S. Thompson o Jack Kerouac.

Lorenzo Bello Trompeta
(Alba de Tormes, 1874 – Barcelona, 1938)

BIO

Escritor, traductor y publicista. Hermano del también escritor y eminente político Luis Bello. Cursó estudios de Derecho en la Universidad Central de Madrid entre 1893 y 1894. Poco tiempo después, en 1898, se hallaba en las Filipinas, tomando parte en los trágicos sucesos de Cavite y Manila (se desconoce si movilizado o alistado voluntario; los documentos lo refieren como sargento de la Guardia Rural). Apresado por los insurrectos filipinos y libertado meses más tarde por el ejército estadounidense, el 16 de enero de 1900 retornaba a la madre patria a bordo del vapor León XIII (en Barcelona lo aguardaba su hermano Luis, que desde la tribuna de El Heraldo de Madrid lanzaba duras invectivas contra el gobierno español y su gestión de la crisis de colonias). Con todo, Lorenzo debió gustar de aquel paraíso de Indias, al que pronto regresó y del que hizo su hogar durante casi veinte años (ahora como residente de la flamante colonia americana). En 1903, se hallaba en Cagayán, trabajando para la Compañía General de Tabacos de Filipinas, pujante empresa barcelonesa fundada por el marqués de Comillas tras la caída del monopolio estatal sobre el tabaco filipino. Fue entonces que debió frecuentar los círculos literarios e intelectuales de la comunidad hispanoparlante. En 1910, el escritor y político Claro M. Recto, de ilustre nombre en aquellas tierras, le dedicaba uno de sus más conocidos poemas, Sueño de Navidad; ya por entonces Lorenzo se hacía llamar Palmerín, pseudónimo con el que firmaría muchos de sus artículos filipinos. Escribió para algunos importantes medios locales: el decenario ilustrado Excelsior (conocida es su loa al poeta español Salvador Rueda, al que tuvo oportunidad de conocer en 1915, en el transcurso de una de sus visitas al archipiélago); o el periódico anual ilustrado Día Filipino (que en su número de diciembre de 1915, lo presentaba como español filipinista, denodado, desinteresado e inteligentísimo defensor de los sacros ideales de las islas y sus habitantes, dando honra a su pluma y su persona). Ese mismo año fundaría, con otros importantes españoles e hispanistas, la Institución Cervantina de Manila, consagrada a la propagación de la lengua española. Amante de la aventura y apasionado estudioso de la navegación de Indias, emprendió en junio de 1917 su particular odisea por los mares del mundo. De esta larga travesía, que se extendió por espacio de dos años –con leve interludio en Barcelona– y le llevó de uno a otro confín, resultaron dos obras: un opúsculo publicado en Nueva York y titulado La odisea magállánica. Reseña histórica del primer viaje alrededor de la tierra (1920); y la obra que aquí se presenta, aguda crónica de aquella peregrinación ultramarina, y que en 1919 recibió el plácet para su publicación del mismísimo Ortega y Gasset, por entonces director editorial de la casa Calpe. Durante el tiempo que anduvo en nuestro país a la espera de embarque para las playas filipinas, punto de origen y destino de aquel extraordinario viaje, firmó varios artículos para los medios barceloneses (Revista Los Estados Unidos; Revista Comercial Ibero-Americana Mercurio), departiendo de la guerra o alguna etapa de su periplo; y fue nombrado asimismo delegado de la Casa de América de Barcelona en Filipinas y representante consular ante el gobierno del archipiélago. En cualquier caso, apenas pudo ejercer ambos cargos, pues en agosto de 1919 se hallaba nuevamente en España, a la que retornaba definitivamente tras casi dos décadas de extrañamiento. Se estableció en la Ciudad Condal y siguió trabajando para la CGTF. Desde entonces, escribió numerosos artículos sobre las más diversas materias, llegando incluso a polemizar con los medios más reactivos de la antigua colonia (véase el encendido debate que en 1932 mantuvo con el semanario manileño La Voz Española); y vertió además al castellano la obra Els politics del escritor y político catalanista Lluis Duran i Ventosa. Murió en Barcelona, en noviembre de 1938, en plena Guerra Civil española (aquella que tiró por tierra los sueños y ambiciones de su hermano, su sobrino –que sufriría prisión tras los sucesos revolucionarios de 1934– y los propios). Tan solo contaba 64 años. Su cuerpo fue enterrado en el cementerio de Montjuic; una humilde esquela publicada en La Vanguardia a los dos meses de su fallecimiento así lo recordaba.

Luis Antón del Olmet
(Bilbao, 1886 - Madrid, 1923)

BIO

Periodista y escritor fecundo, fue director de El Debate (1910), El Parlamentario (1914) y la Revista Política, Parlamentaria y Financiera (1921) y colaborador asiduo de los principales periódicos y revistas nacionales. Fundador del movimiento agrarista y anticaciquil Acción Gallega (1910), fue diputado a Cortes por Almería con el Partido Conservador (1914-1916) y en un nuevo giro, intentó la representación por el distrito de Verín con las izquierdas (1918). Gran prosista castizo, gozó de extraordinaria originalidad y fuerza expresiva. Murió en Madrid, en marzo de 1923, a causa del pistoletazo descerrajado por el que fuera su colaborador y amigo Alfonso Vidal y Planas.

Gabriel Sánchez Ogáyar
(Úbeda, 1964)

En nuestras colecciones:

LOS INQUISIDORES DE GRANADA (2012).

BIO

Este jiennense natural de Úbeda, por su periplo vital y la cantidad y diversidad de oficios ejercidos, podría ser definido sin temor a equivocación alguna como la mano cortada de Blaise Cendrars. Municionista del ejército, vendedor itinerante, aventurero en Las Hurdes buñuelianas, arrojado reportero de varios periódicos, trabajador freelance para distintas cabeceras informativas y, desde entonces, profesional ligado a los medios de comunicación en sus vertientes de cámara de TV, locutor, presentador y director de programación. Como escritor es, hasta el presente, autor de dos novelas: El secreto perdido, publicada con éxito en Punto Rojo Libros; y Los inquisidores de Granada, primera parte de la trilogía Las guerras del Libro, que inaugura la colección Profesor Lidenbrock de la editorial Ginger Ape Books&Films.

Gloria Lizano López
(Ceuta, 1971)

En nuestras colecciones:

HISTORIA DE LA MUJER SEMILLA (2012).

BIO

Estudia Bellas Artes en las facultades de Sevilla y Granada, donde finalmente se licencia. Durante su formación viaja y reside en distintas ciudades de España, Italia y Alemania. Es en Bonn donde comienza su Libro de ilustraciones, registro a modo de diario gráfico de las enseñanzas aprendidas y de los lugares y personas que le acompañan. Ha trabajado en diversos campos, entre ellos la infografía y la publicidad para televisión. En 2008, retoma el dibujo y la pintura y empieza a exponer en diferentes salas, centrando su producción artística en la exploración del concepto de mujer. Historia de la mujer semilla  es su obra más importante hasta el presente.

Emilio de Marchi
(Milán, 1851 - 1901)

En nuestras colecciones:

EL SOMBRERO DEL CURA (2012).

BIO

Nació en Milán, en 1851, en el seno de una familia pequeño burguesa. Pronto quedó huérfano de padre. No obstante las dificultades económicas familiares, se licenció en Letras y llegó a ser profesor de estilística en la Academia Científico-Literaria de Milán. Dirigió su copiosa actividad literaria en muy diversas direcciones. Al abrigo de la scapigliatura lombarda, fundó y colaboró activamente en la revista La vita nuova, que más tarde abandonó por divergencias ideológicas. Tradujo en verso las Fábulas de La Fontaine. Cultivó el periodismo, la crítica literaria, el ensayo, la poesía, el teatro, el relato breve y la novela. Y fue en este campo que alcanzó sus mayores logros: El sombrero del cura, publicada por entregas en dos rotativos: L’Italia (1887) y Corriere di Napoli (1888), y más tarde, en volumen único por la histórica editorial Treves (1888), y que hoy es considerada el feliz punto de arranque de todo un género en Italia: el popular giallo (de su éxito dan cuenta sus numerosas reimpresiones y su traslación cinematográfica y televisiva). A ésta siguieron: Demetrio Pianelli (1890), unánimemente considerada su gran obra maestra; Arabella (1892); y Giacomo l’idealista (1897). De conformidad con su noción de la función social de la literatura y el literato –de ascendencia manzoniana y que vertebró el conjunto de su obra-, ya hacia el final de sus días, dirigió junto con el editor Vallardi una colección de lecturas populares, La buona parola, a la que contribuyó con diferentes volúmenes. Participó intensamente de la vida política y social de la ciudad, tomando parte en numerosas iniciativas pedagógicas y filantrópicas. En 1900, fue nombrado Caballero de la Corona de Italia. Murió en Milán, en 1901, con apenas cincuenta años, incapaz de superar la muerte de su hija predilecta, acaecida en 1897.

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